¿Sabes lo que pasa?

Que con los años uno se da cuenta de que las carreras duran unas horas.

Los entrenamientos, un rato cada día.

Pero la persona en la que te conviertes gracias a todo eso… esa sí se queda contigo.

Quizá por eso seguimos saliendo a correr cuando llueve, cuando hace calor o cuando el cuerpo no tiene demasiadas ganas.

No porque esperemos ganar la próxima carrera.

Sino porque, sin darnos cuenta, cada salida nos enseña algo que luego utilizamos en casa, en el trabajo, con la familia o con los amigos.

Al final, el mejor entrenamiento no siempre es el que más mejora tus piernas.

Es el que también mejora tu forma de vivir.