¿Sabes lo que pasa?

Que al hilo de lo que comentaba ayer sobre la fuerza, cada vez lo veo más claro.

Hay una edad en la que dejas de entrenar solo para mejorar marcas.

Y empiezas a entrenar también para seguir disfrutando.

No digo que no me guste mejorar.

Claro que me gusta.

Me gusta notar que las piernas responden, que subo mejor, que bajo con más confianza y que puedo seguir metiéndome en esos fregados de montaña que tanto me gustan.

Pero cada vez valoro más terminar una semana sano que terminarla reventado.

Porque correr está muy bien.

Pero poder seguir corriendo durante muchos años está todavía mejor.

Por eso la fuerza se ha convertido en una parte importante de mis entrenamientos.

No porque quiera levantar muchos kilos.

No porque quiera parecer más fuerte.

Ni porque vaya a subir una foto épica haciendo sentadillas, que tampoco nos vengamos arriba.

Sino porque quiero que el cuerpo aguante.

Que los gemelos no se quejen a la mínima.

Que la espalda no proteste cada dos por tres.

Que las rodillas no me manden cartas de reclamación.

Que cuando toque subir, pueda subir.

Y que cuando toque bajar, no vaya rezando en cada piedra.

Al final, para mí la fuerza no es un entrenamiento aparte.

Es una forma de cuidar el trailrunning que quiero seguir haciendo.

Porque correr es maravilloso.

Pero seguir pudiendo correr, con salud y con ganas, es el verdadero objetivo.