¿Sabes lo que pasa?
Que ahora se habla mucho de entrenar con calor para mejorar el rendimiento.
Y ojo, tiene sentido.
El cuerpo puede adaptarse al calor.
Puedes mejorar cómo regulas la temperatura.
Puedes aprender a hidratarte mejor.
Puedes acostumbrarte a correr con pulsaciones más altas, más sudor y más incomodidad.
Pero también creo que hay que ponerle un poco de sentido común al asunto.
Entrenar con calor puede ayudarte a afinar cuando ya tienes una base.
Pero no te va a convertir en Kilian Jornet por salir a las doce del mediodía hecho un pollo asado.
Que después nos venimos arriba muy rápido.
A partir de ahí, también digo una cosa.
Yo, para que me conozcan un poco más como corredor, soy del team calor.
Pero team calor de verdad.
Entre mucho frío y mucho calor, casi siempre prefiero mucho calor.
No digo que sea lo ideal.
Digo que mentalmente lo llevo mejor.
Cuando cuento esto, a veces parece que estoy diciendo que el calor no me afecta.
Y no.
Me afecta físicamente igual que a todo el mundo.
Me sube pulsaciones.
Me obliga a bajar el ritmo.
Me hace sudar más.
Me vacía antes.
Y si no lo respeto, también me puede pegar una buena bofetada.
La diferencia es que, como el calor me gusta más que el frío, mentalmente voy más cómodo.
Salgo con otra actitud.
No voy peleándome con el día.
No voy pensando: “qué frío, qué pereza, qué ganas de volver a casa”.
Y eso, aunque parezca una tontería, influye.
Porque en trailrunning la cabeza también corre.
Lógicamente, si sueles evitar el calor siempre, saliendo solo a las seis de la mañana o a las nueve de la noche, es normal que cuando te toca correr con sol el cuerpo lo note más.
En mi caso, como no me importa salir a entrenar con bastante calor, incluso a las doce del mediodía si toca, seguramente estoy algo más adaptado.
Pero una cosa es estar más acostumbrado.
Y otra muy distinta es pensar que el calor no pasa factura.
Ahí es donde hay que tener cabeza.
Porque con calor no siempre gana el más duro.
Muchas veces gana el que mejor se regula.
El que bebe antes de estar seco como un risco.
El que baja el ritmo sin sentirse menos corredor.
El que entiende que el Garmin no siempre tiene la razón.
El que usa sales si la salida lo pide.
El que busca sombra cuando se puede.
Y el que acepta que hay días en los que el mejor entrenamiento no es apretar más, sino terminar bien.
A mí me gusta el calor.
Lo prefiero.
Me siento más cómodo.
Pero también lo respeto.
Porque una cosa es tener mentalidad.
Y otra muy distinta es salir a hacer el machango con el sol pegando a tope, como si el cuerpo no tuviera límites.
Entrenar con calor también forma parte del juego.
Y cuidarse también es entrenar.
Porque al final, en trailrunning, no se trata solo de aguantar.
Se trata de seguir disfrutando muchos años.
