Y al hilo de la última entrada…
¿Sabes lo que pasa?
Una pregunta sencilla para tu próximo entrenamiento:
¿Qué habilidad para la vida he entrenado hoy además de las piernas?
Porque no todo se mide en ritmos, kilómetros o desnivel.
A veces entrenas paciencia cuando el cuerpo no responde como esperabas.
Entrenas constancia cuando sales aunque no tengas demasiadas ganas.
Entrenas humildad cuando una subida te pone en tu sitio.
Entrenas capacidad de adaptación cuando el plan cambia y toca improvisar.
Entrenas empatía cuando esperas a alguien, ayudas a un compañero o compartes una ruta sin mirar solo tu reloj.
Y a veces, simplemente, entrenas algo muy importante:
Cumplir una promesa que te hiciste a ti mismo.
Quizá por eso el deporte engancha tanto.
Porque empiezas queriendo estar más fuerte por fuera…
y acabas descubriendo que también te está construyendo por dentro.
Que muchas veces el verdadero entrenamiento no está solo en las piernas.
Está en la cabeza.
Y en la forma en la que vuelves a levantarte al día siguiente.
